Entrevista al productor musical Ruttiboi


Ruttiboi es un joven músico de sesión y productor musical peruano, egresado del Instituto Superior Orson Wells. Recientemente, participó como miembro del equipo creativo de Lenin Tamayo en su gira por distintos países de Asia. Cátedra Libre tuvo el agrado de conversar con él en torno a sus orígenes en la música.


¿Cómo empezó tu camino en la música?

Según mi madre, ya desde muy pequeño tocaba instrumentos musicales. Aunque, según lo que yo recuerdo, nunca tuve un interés claro en la música hasta la época de educación primaria. En la escuela a la que asistía se ofrecía cursos de verano, dentro de los que había talleres de música. Recuerdo que allí, de forma mucho más rápida que otros de mis compañeros, aprendí a tocar la flauta. Fue justamente así cómo tuve la suerte de conocer a un profesor de música llamado Marcos, quien fue de gran influencia para mí por aquellos años.

Posteriormente, por cosas del destino, me cambié de colegio cuando iniciaba el tercer año de educación secundaria. Pero, para mi sorpresa, aquel profesor también se encontraba dictando en dicha institución educativa. Aunque para ese entonces tenía intereses musicales distintos; buscaba aprender a tocar la guitarra. Y, gracias al esfuerzo de mis padres, pude contar con una guitarra eléctrica a mis quince años. Resalto el tema del esfuerzo porque, como sabrás, comprar un instrumento, sobre todo por aquellos años, era bastante caro. Quizás por eso me involucré tanto en el proceso de aprender a tocar la guitarra. Considero que allí me metí de lleno en la música.

Se podría decir, entonces, que mi primer contacto con la música se dio en mi etapa de colegio. Durante esos años estuve bastante involucrado con los cursos de música que la escuela ofrecía; aunque, siendo sincero, muchas veces los ensayos eran simplemente una excusa para evitar las clases.

¿Cómo transitas de ese primer contacto con la música a estudiarla?

Cuando acabé la educación secundaria, como todo adolescente, no supe qué hacer o hacía dónde continuar. Ahí me di cuenta que lo único que había hecho, aprendido y, sobre todo, disfrutado en esa etapa de mi vida había sido la música. Fue así cómo empecé a averiguar dónde estudiarla como una carrera en sí misma. No obstante, tras una fallida postulación a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), caí en la cuenta de que, efectivamente, era bastante caro estudiar música en este país.

Recuerdo que, por aquellos tiempos, encontré a un amigo que estudiaba producción musical. Y, como me encontraba en la búsqueda de qué hacer con mi vida, me interesé bastante por aprender de qué se trataba. Rápidamente caí en la cuenta de cómo esta disciplina era, básicamente, dirigir todo dentro de un proceso de grabación. Y, como además era mucho más barato, decidí aprenderlo. Se podría decir que lo aprendido en mi etapa de colegio fue lo que, inconscientemente, me orilló a interesarme por la música, más que en cualquier otra disciplina. Curiosamente en mi familia, a excepción de un tío lejano, nadie hace o ha hecho música.

¿Y cómo terminas entrando a la escena musical?

Desde que aprendí a tocar guitarra. Siempre tuve en claro donde llevar mis proyectos musicales. Para entonces, ya no buscaba aprender guitarra solamente por hobby. En ese punto, empecé a crear cosas. Recuerdo que ingresé a una banda, empezamos haciendo covers de El mató a un policía motorizado y The Strokes. Con el paso del tiempo, comenzamos a crear música propia, que era yo lo que siempre busqué.

¿En qué año fue eso?

Fue allá por 2015, con mi primera banda. Todo lo que había aprendido en la guitarra lo fui adaptando a las necesidades de la agrupación. De esa manera, fueron salieron cosas nuevas. El proceso creativo era bastante provechoso. Les enseñaba a mis amigos alguna propuesta, discutíamos al respecto y terminábamos concibiendo algo propio. Inclusive, grabamos una canción. Aunque no estoy seguro si está subida a internet. El detalle es que, tras esa grabación, empezamos a desenvolvernos con un nombre propio dentro de la escena musical.

Obviamente, al empezar con una banda hay que buscársela, llegando, en muchos casos, a pagar por poder tocar. Pero así fuimos conociendo distintas personas del ámbito musical; productores, organizadores, músicos. De esa manera, fuimos entrando en la escena, en este caso, de rock independiente.

Esa aún era tu etapa como músico, mas no como productor

Claro, aún no estaba en mi etapa de productor, aunque siento que la semilla nace en ese contexto. Al hacer música con esta primera banda, siempre tuve dentro de mí cierta búsqueda inconsciente de ordenar las ideas del grupo. De cierta manera, me acostumbré a hacerlo y, para bien, nos dimos cuenta de que eso funcionaba para los objetivos musicales que perseguíamos. Tal vez el punto de inflexión fue cuando empezamos a trabajar las canciones con un productor, cuyo trabajo es el de ordenar las ideas de un artista a fin de que se escuchen bien al finalizar el producto. Sin buscarlo, fue naciendo esta idea de inclinarme hacia a la producción, inicialmente con el objetivo de ayudar a mi banda.

¿Hasta cuándo tocaste con esa primera banda?

Estuve con ellos hasta 2016 o 2017, si mal no recuerdo. Lamentablemente, la banda se dividió, busqué a nuevos miembros, nos volvimos a juntar con los anteriores, no funcionó nuevamente y terminamos formando una nueva agrupación. Siempre estuve envuelto en diversos proyectos. Pero, al poco tiempo de ello, entré a estudiar producción musical en el Instituto Superior Orson Wells. Repito, fue un paso lógico. Al averiguar de qué iba la carrera, me di cuenta de que era algo que llevaba haciendo, inconscientemente, con mi primera banda. Aunque la carrera como tal la aprendí en el centro de formación. Allí aprendí a fondo qué implicaba producir música.

Hasta entonces, ¿el género siempre había sido rock?

Si, siempre había sido rock. Pero, cuando ya me encontraba estudiando producción, empecé a descubrir sonidos más cercanos al pop. Recuerdo que, debido a que solo éramos tres miembros en la banda de ese entonces, buscábamos llenar elementos de una canción más allá de las guitarras, la batería y la voz. Fue entonces cómo fui incursionando en elementos electrónicos, lo que a la larga me ayudó a producir cosas más modernas.

Como estudiante de producción, fuiste transicionando hacia lo pop

Empecé a estudiar distintos géneros dentro de la carrera. Evidentemente, hay géneros más complejos que otros. Recuerdo que estuve enfocado en el jazz por un buen tiempo, al ser un género con mucho contenido en materia de arreglos. Luego, en esa línea, empecé a estudiar un pop centrado en arreglos complicados, como por ejemplo Luis Miguel o Michael Jackson. Ambos artistas pertenecen al pop, pero tanto la producción como los arreglos incluyen elementos que, para entenderlos, se debe contar con cierto conocimiento. En ese trayecto, fui también experimentando con el ámbito electrónico, como los sintetizadores.

Después de acabar la carrera, ¿empiezas a trabajar como productor para otras personas?

Acabé la carrera durante la pandemia de COVID-19, lo cual complicó bastante las cosas. De por sí, no existían muchas casas productoras en el Perú y el contexto sanitario empeoró aún más la situación. Cuando buscaba lugares para llevar a cabo mis prácticas profesionales, o bien la casa productora estaba cerrada temporalmente o solo había cupo para los que ya se encontraban trabajando ahí. En vista de ello, empecé a buscar amigos que, como yo, quisieran hacer música. Como ya había estado involucrado en la escena del rock independiente, conocía a varias personas del medio con los que empecé a trabajar pequeños proyectos.

Lógicamente, tuve que invertir en una mejor computadora. En un punto, gracias a esta red de contactos, grabé con varios artistas. Y, si bien al inicio la mayoría de personas interesadas en trabajar conmigo pertenecían al ámbito del rock, fui conociendo otras un tanto más interesadas en elementos electrónicos. Curiosamente, el sonido de la nueva banda en la que estaba también había mutado hacia un estilo más electrónico o de fusión, por así decirlo.

En ese proceso fui concibiendo nuevas ideas con el objetivo de hallar sonidos distintos. Ya con el paso de los meses, empecé a armar el estudio de grabación propiamente dicho; adquiriendo nuevos micrófonos, amplificadores y demás equipos. Se puede decir que, recién ahí, en 2021, empecé a trabajar como productor.

¿Cuál es la dinámica de trabajo de tu estudio de grabación? ¿Se encuentra abierto al público o lo manejas de forma más discreta?

Ambas. A veces tengo que ser selectivo con algunas cosas. Siendo sincero, prefiero trabajar proyectos grandes. Ahora, el estudio de grabación no se encuentra separado del productor; el servicio incluye mi asesoría, el uso del espacio, la oportunidad de sentarnos a dialogar y hacer música de forma conjunta. Siempre me he enfocado en la comodidad del artista. Uno de mis objetivos es ofrecer un ambiente creativo, donde, tanto el productor como el artista puedan fluir sin límites.

Si bien al inicio grababa canciones sueltas a uno que otro artista, hoy me encuentro trabajando en iniciativas más serias y con perspectiva a largo plazo. Debido a ello tengo la agenda un poco recargada. Inclusive, estoy considerando la posibilidad de abrir el estudio al público trayendo un asistente que se encargue de cosas más pequeñas o puntuales.

¿Cuál es el género que predomina en el catálogo musical de tu estudio de grabación?

En este caso, el estudio está enfocado en pop, k-pop y, sobre todo, fusión. Como te comenté, vengo haciendo fusión desde la época de mi segunda banda. Con ellos, empecé a ahondar en las raíces musicales del Perú, estudiando mucha música peruana: andino, folklore, afroperuano, selvático. Mi idea siempre fue entender cómo funciona cada género para poder combinarlos. Por eso cuando llegué a trabajar con LENIN ya contaba con el background necesario y resultó bastante sencillo empezar un proyecto con él.

Hablando de ello, creo que el artista más mediático con el que has trabajado, hasta la fecha, ha sido LENIN. ¿Cómo se dio esa colaboración?

Yo conozco a Lenin gracias a un amigo. Allá por 2022, cuando aún hacía pequeños proyectos o grabaciones puntuales conozco a otro productor. Justamente, esta persona tenía un colega que se encontraba buscando a alguien para trabajar ediciones vocales. Me dieron el contacto y le escribí a fin de continuar aprendiendo. Para bien, conectamos musicalmente bastante rápido y empezamos a trabajar juntos.

Este nuevo colega era quien conocía a LENIN de un evento anterior. Por aquel entonces, se encontraban grabando Tusurikusun. En una de esas ocasiones, cuando estaba en casa de este amigo escucho los vocales de ese tema y me agradó bastante. Posteriormente, cuando la canción en mención es publicada se termina haciendo viral.

Luego, cuando LENIN planeaba hacer una canción propia, este amigo me recomienda para entrar al equipo de producción. Ya que contaba con referencias en anteriores trabajos de fusión y LENIN quería enfocar su carrera artística en esa dirección, terminamos conformando un equipo de tres productores: Diego, Guillermo y yo. El primer tema que hicimos fue ¿Imaynata?

¿Ese mismo equipo de producción sigue vigente?

Ya no. Posterior a ¿Imaynata? fuimos dos personas encargadas de la parte creativa. Ahora solo yo me encargo de ese ámbito. Vengo trabajando con él desde agosto de 2022. Me doy cuenta que ya son más de dos años trabajando juntos.

¿Qué se encuentran planeando a futuro?

Se viene la segunda parte de su primer EP, Amaru. Lo próximo también es el concierto en el Gran Teatro Nacional el 23 de marzo, donde se van a estrenar nuevas canciones. Actualmente, ya contamos con cinco temas nuevos para esta segunda parte, pero enfocados de otra manera. El punto fuerte es que mantienen la dirección de lo que ya se ha hecho antes y se ha contado con la colaboración de varios productores nacionales.

¿Consideras que el trabajar con LENIN ha marcado un antes y un después en tu carrera como productor?

Sí, definitivamente. Por mi parte, concebir ¿Imaynata?, en el sentido de aterrizar el sonido k-pop en el Perú, fue un reto. Nunca había hecho algo similar. Pues, si bien había utilizado recursos del pop y de la música electrónica en trabajos anteriores, con LENIN fue la primera vez que ahondé en el k-pop para concebir algo nuevo. En ese sentido, la experiencia ganada en el proceso de creación del EP, luego los conciertos y la gira por Asia significó una etapa de aprendizaje y crecimiento bastante enriquecedora.

Y, sinceramente más allá de los contactos que he podido obtener en el camino, siento que el trabajar con LENIN me ha permitido ir más allá como profesional. Es decir, siento que, desde aquel primer proyecto en 2022 hasta ahora, he crecido muchísimo como productor. Cada una de las canciones trabajadas con él han sobrepasado las vallas que nos pusimos, haciendo que todas las personas involucradas aprendan bastante. Me alegra que este proyecto haya crecido tan rápido en tan poco tiempo.

¿Cómo ves la escena peruana de pop?

Veo que hay bastante crecimiento. Aunque, siendo sincero, no sé si es porque ahora estoy más metido en la industria o porque realmente esta ha crecido. Lo que si noto es que hay muchos artistas de música urbana y de rock. Inclusive, recientemente he visto un par de bandas tratando de imitar el sonido k-pop y traerlo acá.  Cuando yo empecé a hacer música era muy difícil encontrar esa variedad. Siento que ahora hay un mercado mucho más grande y bastante movimiento.

¿Aún te consideras parte de la escena underground o, a tu criterio, ya formas parte del mainstream?

Desde que comencé a trabajar con LENIN, siento que me encuentro dentro de una industria más mainstream. Pues, también he empezado a trabajar con más artistas pop. No obstante, siempre me he sentido parte del underground. Siento que el trabajo que hago no tiene lo mismos objetivos que la música pop, inclusive siento que apunto a otro tipo de mercado al tratar de tomar otras raíces musicales. Por ejemplo, siento que lo más mainstream hoy por hoy sería lo urbano.

Desde tu perspectiva, ¿Quién sería un artista infravalorado en la escena peruana?

Siento que hay muchos. Gracias a TikTok, hace poco descubrí a Liriko. Cuenta con bastante llegada y destaca a nivel compositivo. Es muy raro encontrar a alguien que componga de esa manera; teniendo en claro el sonido que quiere hacer. Ahora, en pop está Greccia, que si bien tiene un toque urbano sabe cómo enfocarlo a lo indie y jugar con lo electrónico. He escuchado su música y es buena componiendo en términos de cómo debe sonar el pop.

En lo urbano, personalmente me gusta Klaut, quien busca aterrizar el estilo de Bad Bunny en el Perú. Me parece genial cómo contextualiza ese sonido extranjero con jergas peruanas. Y, por último, incluiría también a Maylo, un artista que lleva haciendo música hace bastante tiempo, aunque más enfocado al R&B. Me gusta cómo fluye con letras bastante modernas y colaborando con varios artistas. Creo que lleva metido en la música desde 2018. Sin embargo, su sonido es bastante contemporáneo.

¿Con qué artista peruano te gustaría trabajar?

Te podría dar tres nombres. En primer lugar, con Liriko, ya que disfruto bastante el elemento urbano que posee. Luego, con Hit La Rosa. Soy un fan de su música desde que escuché su primer álbum. Me encanta cómo enfocan el estilo de fusión. Y, finalmente, con La Lá, una artista sumamente interesante y que, a nivel compositivo, te traslada a otro mundo. Le tengo bastante respeto a su música y trabajar con ella sería un honor. Bueno, si me permites, añadiría una artista más: Susana Baca, quien, para mí, es una ídolo.

¿Y con respecto a los artistas internacionales?

A nivel internacional me gustaría trabajar con artistas de Argentina, como, por ejemplo, Duki o Emilia. También con productores europeos, como Mura masa, cuyo trabajo ha sido llamado hyperpop, una suerte de pop distorsionado y moderno. Incluiría también a Sega Bodega y, por supuesto, a Tainy, quien en términos de producción siempre lleva las cosas un poco más allá. Estaría super agradecido y feliz de llegar a trabajar con estos productores.

Por último, ¿Qué consejo te hubiera gustado recibir cuando empezaste en la música?

El primero consejo es que el talento importa, pero no más que la disciplina. Por más talentoso que seas, si no eres constante jamás podrás perfeccionar tu arte. El segundo, es el ser uno mismo. Siempre existe ese miedo o esa sensación de sentirse vulnerable al mostrar lo que uno realmente es, porque eso se nota hasta en la forma que haces música. Sin embargo, no deben tener miedo, ya que lo que uno realmente te puede llevar en la dirección que tú quieras darles a tus proyectos y te empujará a los mercados o a la gente con la que deseas trabajar. Mientras más lo reprimas, menos cómodo te sentirás.

Gracias, Rutti

¡Gracias a ustedes!


Cátedra Libre agradece a Ruttiboi por la cordialidad y el tiempo brindado para concretar esta entrevista. Desde este espacio, le deseamos los mejores éxitos en sus futuros proyectos musicales.