Louis David nació el 30 de agosto de 1748 en París, Francia. A pesar de haber quedado huérfano de padre y económicamente mal, su madre tenía nexos familiares con el reputado pintor del rococó Francois Boucher quien ayudó a David como maestro en sus primeros pasos.
Pese a ello, David desde muy joven se alejó de esta corriente artística y empezó a acercarse siendo gran impulsor del Neoclasicismo. Este nace de la influencia grecorromana en el arte, gracias a circunstancias tales como el descubrimiento de Pompeya y Herculano durante esa época.
Luego de 4 intentos logra por fin el primer lugar del premio de Roma en 1774, con el cuadro Erasístrato descubriendo la causa de la enfermedad de Antíoco. Esto le permite hacer una estadía en dicha ciudad y ahí perfeccionará su estilo. Roma en aquella época era, más que nunca, un conjunto de ruinas y tesoros frutos de la civilización clásica, fuente de inspiración para muchos artistas.

Cuando volvió ya tuvo mayor éxito ya que fue introducido a la Academia Real y se le permitió vivir en el Louvre durante un buen tiempo. Allí montó su taller y se dedicaba a realizar sus obras. El gobierno, por entonces, le encargó un cuadro y él pintó El juramento de los Horacios en 1784 para lo cual decidió nuevamente viajar a Roma y realizarlo. Esta obra es una de sus más conocidas y ya define totalmente su estilo. Para la época, un poco radical, donde el realismo se lleva a un nuevo nivel y los trazos bien definidos no se limitan a los personajes sino a los fondos y a la ambientación. Así mismo la simetría de las formas tanto materiales como humanas se realizar con gran vigor.
David muchas veces ha sido considerado un actor muy político e incluso a veces inclinado por conveniencia y acomodadizo. Lo cierto es que cuando estalló la Revolución francesa asumió un papel de poder como nunca antes. Fue parte del ala más radical de la misma y contó entre sus amigos a Robespierre, Danton y Marat. Fue considerado el “pintor de la Revolución” por muchos motivos. Y no solamente pictóricos, de hecho, se le encargó el diseño de los trajes de esta nuevo gobierno republicano de los cuales realizó bocetos para las autoridades principales. Uno de sus cuadros que no llegó a terminar tiene que ver con El juramento del juego de la pelota, uno de los momentos cumbres donde los representantes de la Asamblea Nacional juraron dar una constitución a Francia. La obra no se terminó por diversos motivos pero actualmente podemos ver una versión acabada por el artista Luc-Olivier Merson en 1886 durante la tercera República.

Pero, sin duda, el cuadro que más gloria le trajo durante la Revolución fue el de Marat asesinado. Este cuadro le fue encargado por la Convención luego que el diputado Marat, muy famoso amado y odiado por los franceses, fuera apuñalado en su bañera por la girondina Charlotte Corday quien lo veía como un periodista radical y sediento de ejecuciones. Se dice que David fue el último que vio a Marat y probablemente uno de los primeros que lo vio muerto. Eran grandes amigos. De hecho, David había pintado también meses antes a otro diputado asesinado Lepelletier de Saint-Fargeau. El cuadro está totalmente idealizado y está diseñado para exaltar piedad y las virtudes de Marat. Es una combinación extraordinaria de pintura histórica, religiosa y contemporánea. Tiene muchas referencias a cuadros y temas religiosos como es el Cristo descendiendo de la cruz. Este cuadro realmente fue una propaganda descomunal para los revolucionarios y fue reproducido y distribuido a toda Francia. Se dice incluso que un cuadro fue colgado en la tribuna de la Convención, donde cada vez que se votaba por alguna decisión se tenía la vista en aquel cuadro del asesinato de su compañero revolucionario. Durante la Revolución llegó a ser nombrado presidente de la Convención Nacional en 1794 y no estuvo libre de cometer excesos y asesinatos durante este periodo. También fue encarcelado en dos ocasiones salvando apenas la vida. Además del cuadro de Marat también podemos mencionar el de Madame Recamier quien era la musa de la revolución y algomeró en su salón o mejor de la época.
Con la caída de la Revolución y el ascenso al poder de Napoleón, David no perdió influencia, al contrario. Muy interesado por su talento y su amistad, pues ya lo conocía de antes, Napoleón lo nombró pintor oficial del régimen y le encargó algunos cuadros. David, posteriormente, llegó a admirar al emperador, y aunque pintó luego a otros regímenes, nunca aceptó ser parte del gobierno luego de Napoleón. El cuadro La coronación de Napoleón realizado en gran formato por encargo del gobierno reúne una serie de particularidades muy interesantes. Símbolo del régimen imperial, se considera el segundo cuadro más visto del Louvre luego de la Monalisa de Da Vinci. David tuvo que aceptar numerosas modificaciones que Napoleón introdujo al boceto inicial para que sea de su total agrado. También se debe a David el de Napoleón cruzando los Alpes (propaganda absoluta) y la clásica imagen de Napoleón en su oficina de las Tullerías que también tuvo varias versiones debido a que recibió encargos incluso del extranjero de esa composición.

El Museo de Louvre inauguró en honor a los 200 años de su muerte la exposición Louis David que empezó el 15 de Octubre del año pasado y que va hasta el 26 de Enero. En esta exposición dedicada al gran pintor neoclásico podemos ver no solo sus grandes obras en gran formato sino también múltiples versiones de una misma obra prestadas de otros museos. En la exposición, así mismo, se puede comparar sus obras con las de sus discípulos como Ingres y se puede apreciar las diferencias y similitudes históricas o estéticas de las mismas. A propósito de sus alumnos, que también prestan varias obras en esta exposición, se dice que David tuvo cerca de 600 alumnos entre los que podemos citar a Ingres, Gros o Gérard. Pero también, tuvo alumnas como Marie-Denise Villers, Marie-Anne Lavoisier o las hermanas Laville-Leroux. Ellos fueron muy influenciados por su estilo y definitivamente fueron grandes artistas también.
La influencia de David va más allá. Sus cuadros aparecen en todos los libros de historia y están en la memoria de los franceses. Muchas etapas se pueden narrar a través de sus dibujos. Una anécdota de este pintor muy político cuenta que cuando el general inglés Duque de Wellintong le pidió que lo pinte, Davis se negó, diciéndole: “Lo siento señor, yo solo pinto a la historia y como comprenderá, usted no forma parte de ella”. Louis David murió autoexiliado en Bruselas, Bélgica el 29 de diciembre de 1825.