Releyendo a Ribeyro – La tentación del fracaso [Entrega VIII: diario de Berlín, Hamburgo y Fráncfort (1958)]

Diario de Berlín, Hamburgo y Fráncfort (1958)

5 de marzo

¿Quién conoce mi faceta de animal nocturno? Cuántas veces en mi cuarto, estando ocupado en alguna lectura, he sentido penetrar por las ventanas, por las rendijas de la puerta, el llamado de la noche. Ponerse el abrigo y comenzar a caminar. Pequeñas luces, cielos opacos o estrellados, gente que sale lavada, peinada, en busca del placer. Estaciones en los bares, sin precipitación, bebiendo a pausas un trago fino, mirando, pensando, sintiendo operarse la transfiguración… De pronto ya somos otro: una de nuestras cien personalidades muertas o rechazadas nos ocupa. Nuestro cuerpo la portará, la soportará hasta el alba. Luego la enterraré en alguna mala cama de hotel, en alguna última copa que no debió nunca venir. Rostros de mujer, bellas cortesanas, besos pagados, comedia del amor, mis largas, mis incontables noches de bebedor anónimo en Europa, ¿qué cosa me han enseñado?

19 de marzo

Nuevo aplazamiento. ¿Hasta cuándo? Berlín me harta. Llevo una vida estúpida. No escribo, apenas leo. El sexo, Gisella, y esa angustia vespertina, ese deseo de ver el mar italiano, los buenos días claros del Sur. Basta de nieve ya, de abrigos, de zapatos húmedos, de coñac que ni siquiera detiene la gripe, de esas bellas estatuas frías que nunca han visto un bigote… Cigarro tras cigarro espero el sueño que no vendrá sino tarde cuando allá, en la esquina que sé, haya bebido una cerveza y observado a los borrachos. Y mientras tanto en Lima la gente viene de la playa, duerme la siesta y en mi casa se sufre –mi hermano– y se me espera.

3 de abril

Saludar a los franceses del clasicismo por haber empleado la palabra “objeto” para designar a la mujer. En el teatro de Racine, en los Caracteres de La Bruyère se encuentran a menudo frases como “un si charmant objet”, “un objet si precieux”, etc. Ayer, en la taberna donde con mis compañeros de trabajo bebía Apfelwein, visión de una mujer donde la perfección de los rasgos la reducía a la condición de un bibelot. La belleza es en cierta forma inhumana o, mejor dicho, deshumaniza. Una mujer bella no es ya una mujer: es un “objeto” con el cual no cabe otra relación que la de uso, usufructo y posesión.

-Conversación con el patrón de mi hotel. ¡Qué paradójica, qué insondable es la persona humana! Media hora de conversación sobre política me bastó para formarme de él la peor de las opiniones: fascista, militarista, admirador de Hitler, partidario de las dictaduras, de aquellos que prefieren la tiranía al desorden. Luego cambia de conversación y comienza a hablar de los pájaros. Resulta un erudito. Me enseña libros sobre la materia, hermosos libros con heliograbados en colores. Me conduce a su pajarera donde alberga centenares de pájaros de toda especie. Me los describe, se emociona al hablar, me doy cuenta de que vive solo para los pájaros. Me ruega enviar de Lima un papagayo y otras aves cuyas características me obliga a registrar en mi libreta. ¿Qué decir, en suma, de un nazi que colecciona pajaritos?

6 de abril

Escribir no es un acto continuo. Generalmente va acompañado de largos intervalos de distracción durante los cuales se hacen dibujitos al margen del papel, se enciende un cigarrillo, se mira por la ventana, se piensa en cosas que no tienen nada que ver con la literatura. Por esta razón, si a las ocho de la mañana nos sentamos en nuestra mesa de trabajo y a las ocho de la noche hemos escrito una página, no puede decirse que hemos tardado doce horas en escribirla. Es necesario deducir de este tiempo todas las pausas enunciadas.

-Pero todas estas pausas han sido importantes porque ellas forman parte del tiempo de la creación. Creación y escritura son dos actos diferentes, entre los cuales no existe una relación de necesidad sino una relación convencional. La verdadera creación se efectúa al nivel de la inteligencia pura y la escritura no es sino el signo que la transporta al mundo sensible, le da fijeza y curso obligatorio. La escritura es el signo visible y universal de un proceso invisible y personal. Un creador no es forzosamente un escritor. Existen, sin duda, creadores incapaces de expresarse. Un gran creador es aquel que ha encontrado el correlato perceptible de su proceso interior.

-Pero este fenómeno no es tan simple. Entre creación y escritura hay interdependencia. En la mayoría de los casos la escritura no es solo la traducción simbólica de la creación, sino que a su vez opera sobre ella, hasta el punto de convertirla en una consecuencia de la escritura. Las nociones de ritmo, de consonancia, de armonía, de aliteración, reactúan desde el plano del signo y condicionan la marcha de la creación. Cuando este condicionamiento se convierte en predominio caemos en lo que se llama “formalismo”. (Revisar.)

7 de abril

Escribo porque el placer que me produce el acto de escribir es de una calidad tan especial que no puedo comprarlo con ningún otro que pueda ofrecerme la vida. Bien entendido, no se trata de un placer físico, y justamente lo que no sé es en qué plano de nuestra sensibilidad se da este placer. Biológicamente, escribir me daña: fumo demasiado, muchas veces bebo, se me entumecen los dedos, me arden los músculos del cuello, y siento todos los síntomas de una tortura. Pero todo esto va acompañado paralelamente de un gozo tan singular que podría hablarse casi de un caso de masoquismo si es que no fuera más justo invocar el ejemplo de los místicos que se disciplinan. Lejos de mí sin embargo darle al acto de escribir un carácter sacral o religioso. Pero sí sostengo que escribir es una inmolación consciente y razonada que el escritor –el verdadero– hace de su tiempo, de su salud, de sus intereses materiales, de su vida, en suma, para crear un orden de palabras que lo satisfaga. ¿Qué es escribir si no inventar un autor a la medida de nuestro gusto?

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