Este año 2024 se celebran 200 años de la muerte del escritor inglés Lord Byron. A pesar de ser un poeta muy influyente en su tiempo, al rango de ser considerado una celebridad, hoy en día no tiene la fama de muchos otros literatos ingleses. Por ello, no es muy común encontrar muchas celebraciones realizadas por este bicentenario de su muerte. En este artículo le hacemos un homenaje personal.
George Gordon Byron nació el 22 de enero de 1788 en Londres, Inglaterra. Padeció de una malformación congénita en una de sus piernas. La mayoría coincide en que fue un pie zambo lo cual le causó dolores y una cojera que llevaría de por vida. Aún con esta limitación, Byron se las arregló para poder ser una persona muy atlética. Montar a caballo le ayudaba para no tener dificultad en desplazarse de un lugar a otro. Además, era gran nadador y relativamente ágil, se dice que una vez cruzó a nado el Helesponto. Era muy vanidoso y cuidaba de no resaltar su cojera con diversos artilugios.
En 1794, cuando aún era un niño, estando en Escocia, se entera que heredará el título de Lord debido a la súbita muerte de William Byron, nieto del quinto lord Byron, fallecido en la guerra. Esto supuso un gran cambio para él, pues se tomó muy en serio su nobleza y la gente de su alrededor cambió para siempre el trato que le daba. Siempre tuvo muy presente un sentimiento de no ser cualquier persona y por tanto tener la obligación de ser alguien destacable.
Desde muy pequeño, desarrolla la habilidad de atacar con palabras en rima a sus conocidos o familiares. Aprendió desde joven en el colegio a burlarse del nuevo director con sus escritos. Posteriormente en 1805 ingresó al Trinity College de Cambridge, donde a pesar de estar poco tiempo hizo grandes amistades como John Hobhouse, quien fue depositario de sus confesiones y sus escritos. Muchas veces este incondicional amigo salvó a Byron de muchos problemas y cuidaba de su reputación y prestigio. Durante su estadía empezó a desplegar su avasallante personalidad y su excentricidad. Es recordado por conseguirse un oso como mascota ya que se prohibían otro tipo de animales. Siempre, a partir de su nobleza, llevaba un estilo de vida costoso con criados personales y también muchos derroches.
Byron demuestra unas ansias tremendas de ser libre, de pensamiento y de todo prejuicio de la sociedad. Proclama su admiración por Napoleón y muchos de sus actos fueron considerados anti nacionalistas (debido a la guerra de Inglaterra contra Francia). Escribió sus primeras obras como «Horas de ocio», que tuvo un ataque de la crítica de parte de «The Edinburgh Review», medio muy prestigioso y conservador de la época. Byron siempre tendrá una inquina contra muchos poetas e intelectuales de su época que lo veían también con malos ojos. Su publicación «Bardos ingleses» es una sátira despiadada contra muchos poetas de su época en los cuales despliega toda esa vena burlesca que muchos consideraron hasta vengativa.

En 1809 emprende un viaje por el mediterráneo junto a sus amigos, visita España, Portugal, Albania y sobre todo Grecia. Allí queda fascinado por la cultura clásica, fenómeno que será determinante en su obra y su vida personal. A su regreso en 1812 publica “Las peregrinaciones de Childe Harold”. Los dos primeros cantos, que posteriormente irá aumentando, fueron un éxito rotundo que lo catapultó al estrellato sin ninguna duda. Los lectores e incluso los críticos descubrieron en el poema un anhelo de libertad, un descubrimiento de nuevas sensaciones a través de los viajes del personaje. Desde luego, sumamente biográfico y basado en su reciente peregrinación es una obra muy personal del autor. Resultó en una innovación de la poesía inglesa que hizo de Byron una imagen muy de moda. Con ello, vinieron muchas mujeres que morían por conocer al joven poeta y tuvo muchas amantes. Una de ellas fue Caroline Lamb, tres años mayor que él quien era casada. Podría considerarse una contraparte suya pues además de su talento y buena pluma, la cantidad de locuras que realizó por Byron fueron innumerables. Lo conoció muy bien, de ella viene la frase con la que describió al poeta: “es loco, malo y peligroso de conocer”. Pero otra mujer sería incluso más importante y fue durante este tiempo que la reencontró: su medio hermana Augusta Leigh. El amor que surgió entre ambos, prohibido y profano, fue sin duda manantial de alegría, remordimiento y sufrimiento para Byron. Jamás pensó en formalizar la relación por el escándalo para sí mismo, pero sobre todo para la propia Augusta.
Byron no dejó de publicar obras y tuvo una relación realmente muy especial con su editor John Murray quien siempre se escribió con él a lo largo de su vida para publicar sus éxitos y le aconsejaba de la mejor manera para sus publicaciones o le pedía que baje el tono sensual o escandaloso de algunos de ellas. Eran frecuentes sus peleas por cartas de lo que cada uno consideraba lo ideal. Murray era muy respetuoso con él debido a su gran fama y el prestigio que le trajo a su casa editorial. Byron tenía un pensamiento muy peculiar del ser escritor, no le recibía dinero a su editor, pues consideraba que no era propio de su rango recibir estipendio por escribir.
Debido al asedio, que lindaba con lo escandaloso, de Caroline Lamb y al amor reprimido que sentía por su hermanastra Augusta, Byron decidió casarse con la que consideró una buena mujer: Annabella Milbanke. Lamentablemente, el matrimonio no fue bien y además dio a Annabella la sospecha del amor de Byron por su hermanastra; se dio cuenta del entusiasmo de él cada vez que recibía una carta de Augusta y de su cólera y su terror cuando ella le contó la historia de una unión incestuosa entre una hermana y un hermano que no sabían que estaban emparentados. Tuvieron una hija quien luego sería conocida como Ada Lovelace. La separación conllevó un proceso legal, gracias a lo cual surgieron muchos rumores y se habló de manera más abierta de la homosexualidad de Byron y sobre todo del incesto con su hermana. Al final, Anabella se retractó de las dos grandes acusaciones. Pero la reputación de Byron no se recobraría jamás.

Por estas presiones y acusaciones decidió autoexiliarse en 1816 y ya nunca más volvería a Inglaterra. Pasó por muchos países, y fue en el continente donde tuvo un evento capital en su vida: su encuentro con el poeta Percy B. Shelley. Fue la gran fe que Shelley tenía en él lo que le ayudó a restaurar su maltrecha confianza en sí mismo. Shelley venía con su esposa Mary y su cuñada (Claire Clermont) de la cual Byron tendría su segunda hija reconocida: Allegra. Durante su viaje hubo un intercambio de ideas muy fructífero para todo el grupo y Byron, por su parte, también empezó la creación de su futuro poema “Don Juan”. En opinión de Shelley, este era un poema sublime como ningún otro y lo motivó para poder escribir más y moldearlo adecuadamente. La publicación de “Don Juan” fue bastante controvertida pues, por ejemplo, su amigo Hobhouse pensaba que había mucha blasfemia que ocultaba el talento del poeta mientras que Augusta opinó que podría hacer su ruina. Su editor Murray le habló muchísimo sobre “Don Juan” para de todas maneras poder aunque sea suprimir o aligerar ciertos retratos. Con sus altibajos la relación de Byron y Shelley fue amistosa y luego de la repentina muerte de este último, Byron se ocupó buen tiempo de Mary Shelley y su hermana, si bien es cierto no duró mucho debido a la estima que se tenían ambos. A pesar de ello Byron cuidó lo mejor que pudo de su hija Allegra a la que tenía especial afecto.
Byron nunca dejó de recibir ataques de parte de sus compatriotas, es por ello que se sentía feliz de ser un expatriado. Luego de su encuentro con Shelley empezó una etapa de producción muy importante. Publicó “Manfredo”, en mi opinión una de sus mejores obras. Es, como otras piezas dramáticas que creó desde Italia, una obra que no estaba destinada a representarse sino a leerse. Allí vemos a Manfredo y su gran dolor por ser un hombre diferente a los demás y su gran culpa por un amor prohibido. Toda su obra, en sí, es bastante biográfica.

Finalmente, en Italia llegaría la invasión política a la vida del poeta. Dejó de solo cantar a la libertad y a los goces del alma, para pasar a la acción; algo muy temido por sus amigos. Fue nombrado capitán de la tercera y popular sección de los Carbonari de Rávena (revolucionarios italianos), conocida como «la turba». Controlaba su propia tropa, los Cacciatori Americano, originalmente una banda de cazadores en el bosque. Tras esta aventura que no llegó a su objetivo inicial, Byron se embarcó a Grecia, país al cual tenía mucho afecto y del cual se conocía en todo Europa su deseo de emancipación del imperio Otomano. Muchos lo consideraban el poeta de la libertad, alguien identificado con la conciencia de Grecia. Por ello es que todos no dudaban de que se iba a unir a la revolución. En verdad también este apoyo le garantizaba, de cierta manera, una lavada de imagen, de las últimas acontecimientos negativos que él tenía en Inglaterra. Para ello acepto la inscripción en el Club Filohelénico de Londres que fue el organismo a través del cual se concentró el apoyo inglés a los patriotas griegos.
Byron invirtió su dinero vendió muchas de sus cosas para poder comprar armas, pólvora y también bastantes medicamentos, incluso compró ropa bastante ostentosa y cascos para él mismo. Muchos griegos vieron su llegada como algo apoteósico e incluso milagroso. Definitivamente ayudó a despertar aún más el interés europeo en la guerra de Independencia griega y levantó mucho optimismo. En la práctica la realidad fue muy diferente. Byron fue testigo de la división entre las facciones y, aunque se puede decir que no hizo tanto en el proceso en general, su paciencia y diligencia fueron virtudes que utilizó al máximo durante su estadía. Lamentablemente, le dio una fiebre terrible, probablemente una fiebre de garrapata, que luego de los intentos frustros de salvarlo terminó con su vida el 19 de abril de 1824 en la ciudad griega de Mesolongi.
Su muerte no hizo más que acrecentar su fama. En esa época la muerte de un poeta a temprana edad era ya de por sí un tópico romántico. Creo que Byron se convirtió en un héroe real para los poetas y literatos románticos, quienes lo tuvieron siempre de inspiración en Inglaterra y toda Europa. Podemos citar a Jane Austen, Goethe, Lamartine, Alexandre Dumas, Stendhal y muchos otros más. El respeto que se ganó de aquellos grandes se debe a su personalismo, autenticidad, excentricidad, pasión y su compromiso con la libertad.
No hay tantas ediciones disponibles de su obra, pero por los 200 años de su muerte la editorial Penguin ha publicado dos libros: “Don Juan” y la biografía “Byron: vida y leyenda” de la escritora Fiona MacCarthy. En la editorial Alba podemos encontrar su poemario “La visión del juicio”.

